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Respondiendo a las Inquietudes de los Jóvenes

¡No sé qué hacer con mi hijo/hija! ¡Ya no me escucha!

Mejor dile tú, a ti si te va a escuchar y te va a creer.

Estas frases las escucho una y otra vez en mi trabajo y en mis conversaciones con los padres de jóvenes.

Una de las preocupaciones hoy en día de los padres de familia, es que los jóvenes ya no quieren saber nada de Dios ni de lo que tenga que ver con la Iglesia. Algunas de las razones más fuertes son la secularización de la sociedad, la gran variedad de religiones, la falta de dinamismo en las actividades religiosas, la gran cantidad de reglas, etc. Cuando analizamos más a profundidad estos ejemplos, caemos en cuenta que en realidad no tienen lógica — ni para el adulto, ni tampoco para un joven. Si como seres humanos “no creemos” en algo, es porque lo desconocemos.

Vayamos de nuevo a esas frases que están al comienzo de este blog. En realidad no se trata de que los jóvenes me crean a mi y no a sus papás, si no más bien, es que yo les presento una nueva realidad de alguna situación específica, o mejor dicho, les presento la misma realidad pero desde otra perspectiva.

Claro que tenemos que enseñarles más a los jóvenes sobre la fe, la Iglesia y Dios; pero hay que tratar de pensar en diferentes maneras de hacerlo, porque cada uno aprende de modos distintos. Los pasos que a continuación les presento no necesariamente funcionarán para TODOS los jóvenes, pero son un buen comienzo para ayudar a entenderlos y conocerlos un poco más:

 

1. La autenticidad es muy importante

Hoy en día, los jóvenes son muy inteligentes y fácilmente reconocen cuando algo o alguien no es auténtico, es decir que no dice la verdad o trata de ocultar algo. A los jóvenes no se les puede pintar la fe de color de rosa, porque no lo es. La fe requiere confianza, valor, apertura, humildad, disposición y honestidad.

Si como padres de familia (o como personas que trabajamos con jóvenes) no mostramos estas cualidades, los jóvenes lo percibirán como algo no real. Estos son valores humanos que todos poseemos. ¡No tengamos miedo de ser humanos! No importa si somos padres de familia, tíos, padrinos o abuelos, — todos somos llamados a ser modelos auténticos de fe para nuestros jóvenes.

2. ¡Pregúntame!

A los jóvenes les encanta hacer preguntas, y si no las hacen, créanme que las están pensando. El punto es no tener miedo a las preguntas que ellos nos hagan. También se trata de no tener miedo a responder con la verdad y decir: “Ahora no tengo la respuesta a tu pregunta, pero voy a averiguar”. Con esta respuesta los jóvenes reconocen que nuestra fe va más allá de aprender por aprender y la importancia de preguntar, investigar, dedicar tiempo, conocer a otras personas que nos puedan enseñar y así conocer más sobre nuestra fe.

Cómo adultos, también tenemos la necesidad y la gran responsabilidad de aprender y conocer más de nuestra fe, y por qué no tratar de hacerlo juntos. ¡Las respuestas a esas dudas la podemos encontrar recurriendo a un sacerdote, a una religiosa, a un libro, o leyendo artículos como éste!

3. No temas compartir

Un día, una madre de familia me platicó que ella intuía que algo extraño le estaba pasaba a su hija, pero la jovencita no decía nada. La señora trataba y preguntaba, pero la hija no respondía. Ésta persona, desesperada, me pidió un consejo — y yo le sugerí que le escribiera una carta a su hija con todo lo que ella quisiera decirle en esos momentos. No se trataba de averiguar lo que le pasaba, sino intentar una nueva manera de entablar comunicación con su hija. Le hice ver la importancia de seguir intentando y buscar nuevas formas de comunicación.

Con los jóvenes se necesita ser creativos. Ya sea a través de una carta u otro medio, lo importante es no darse por vencido. La siguiente vez que vi a ésta mamá, le pregunté si había escrito la carta que sugerí y me dijo que si. Ella no obtuvo la respuesta que esperaba de su hija, pero que al menos lograron abordar el tema.

4. Guíalos con tu ejemplo

Como adultos de fe, tenemos el deber de hacer estas tres cosas con nosotros mismos. Hay que tener valor para tocar temas difíciles y fuertes con nuestros jóvenes. Recordemos que ser vulnerable no significa ser débil. Al contrario, es reconocer que hay ocasiones en las que necesitamos ayuda de los demás — en este caso, la ayuda de Dios. Hay que ser honestos con nosotros mismos y reconocer que aún hay aspectos de nuestra fe que desconocemos, que y siempre hay algo más por aprender.

Al igual que los jóvenes critican la fe, y algunas veces la Iglesia, también nosotros como adultos debemos de hacer preguntas, pero con el fin de aprender y tener una mente abierta a todas las cosas nuevas que nos quedan por conocer. ¡El tener dudas o preguntas sobre la fe no es algo malo! Al contrario, debemos de tener confianza que es en medio de esas dudas donde ponemos nuestra confianza en Dios  y que la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos ayudará a descubrir la verdad.

 

Cuando se trata de los jóvenes, no podemos cerrarnos a nuestros propios opiniones o prejuicios. Al mantenernos abiertos a sus inquietudes, vamos descubriendo la manera en que ellos ven al mundo y poco a poco vamos ganando su confianza. Solo así crecemos juntos en la fe y también aprendemos cosas nuevas el uno del otro. Esta disposición también nos llevará a ser creativos y reconocer las diferentes maneras en las que se les puede enseñar a los jóvenes.

No existe una forma concreta de enfrentar temas difíciles con los jóvenes, pero es importante no evadir el tema o la pregunta. Debemos reconocer que el joven está dando a conocer una nueva perspectiva sobre la situación, y en este caso sobre nuestra fe. Así como creemos que Dios les habla a ellos a través de nosotros, también debemos de tener fe de que Dios nos habla a través de ellos.

About the Author

Jessica Maciel-Hernandez

Jessica es la Coordinadora de la Pastoral Juvenil para la Diócesis de Des Moines, y siempre busca demostrarle a los jóvenes que tan grande es el amor de Dios. Su meta es que todos lleguemos a tener un encuentro personal con Jesús, especialmente a través de los sacramentos. Jessica está estudiando para su maestría en Teología y Ministerio Pastoral en Boston College. Ella cree que la alegría y el gozo de Dios debe de sobresalir en TODO lo que uno hace, hasta en idas al cine y a conciertos.