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A Manger and A Cross

Un Pesebre y una Cruz

I saw a picture several years ago during the Christmas season that remains with me still. It was a picture of the manger scene, but looming over it was the shadow of a cross. In the midst of all of the other festivities, traditions, and imagery that surround Christmas, it can be easy to forget this profound truth: Jesus was born to die for our sins.

That’s the whole mission of His life. Jesus came to save us.

When you think about that, it makes sense that Jesus’ birth took place the way it did. Jesus’ birth wasn’t a pretty, picturesque experience. Mary and Joseph were traveling while Mary was in labor. When they couldn’t travel any further, there were no rooms available, so they found an enclosure where animals were kept.

When Jesus was born, they placed Him in a feeding trough to sleep.

Nothing about this is pretty; it’s messy. Jesus’ entrance into the world was a mess.

That’s a different kind of Jesus than a “Santa Jesus.” That isn’t an image of Jesus who stays outside of our messy lives, waiting for us to get clean and do the right things before He comes to save us. Jesus saves us, even when we are caught in the mess of sin. Even when we hurt Him. Even when we destroy the flowers.

That’s the beauty of the manger and the cross. Jesus enters into our mess and then takes it upon Himself by dying on a cross. He doesn’t just take part of the mess, though — Jesus takes all of it. Jesus accepts the just punishment for our sins — which is death — and in doing so, opens life up to us.

That’s why the image of the cross and the manger is so profound to me. The joy that comes at Christmas flows from the cross and Resurrection. I am overjoyed by a God who enters into my mess. Jesus comes for us and doesn’t just show up as some angelic being, but as one of us. Jesus was like us in all things, except for sin.

Jesus knew the messiness of human relationships between friends and family. Jesus encountered people — even His closest friends — who wrestled with doubt. Jesus went to the messy and broken people and entered into the messy and broken parts of their lives. Jesus experienced the mess of suffering.

That’s a savior who gets it. I like that image of Jesus because it is the authentic Jesus. It’s the real Jesus.

*This is an excerpt from the book Messiah: Stories of Advent, it is not too late to dive into this Advent devotional that is the work of a few authors who offer unique perspectives on areas where life can get messy and the ways Jesus enters into and saves us from our mess.

Vi una foto hace varios años durante la temporada navideña que se ha quedado conmigo. Era una imagen de la escena del pesebre, pero se cernía sobre ella como la sombra de una cruz. En medio de todas las demás festividades, tradiciones e imágenes que rodean a la Navidad, puede ser fácil olvidar esta profunda verdad: Jesús nació para morir por nuestros pecados.

Esa es toda la misión de su vida. Jesús vino a salvarnos.

Cuando piensas en eso, tiene sentido que el nacimiento de Jesús tuviera lugar de la manera en que sucedió. El nacimiento de Jesús no fue una experiencia bonita y pintoresca. María y José viajaban mientras María estaba de parto. Cuando ya no podían viajar más y no habían habitaciones disponibles, encontraron un lugar donde se guardaban los animales.

Cuando Jesús nació, lo pusieron en un abrevadero, un lugar donde comen los animales, para dormir.

Nada de esto es bonito; es un desorden. La entrada de Jesús al mundo fué un desastre.

Ese es un Jesús diferente al de “Santa/Jesús”. Esa no es una imagen de Jesús que se queda fuera de nuestras vidas desordenadas, esperando que nos limpiemos y hagamos lo correcto antes de que Él venga a salvarnos. Jesús nos salva, incluso cuando estamos atrapados en el desastre del pecado. Incluso cuando le hacemos daño. Incluso cuando destruimos las flores.

Esa es la belleza del pesebre y la cruz. Jesús entra en nuestro desorden y luego lo toma sobre Sí mismo al morir en una cruz. Sin embargo, Él no solo toma parte del desastre, sino que Jesús se lo lleva todo. Jesús acepta el justo castigo por nuestros pecados, que es la muerte, y al hacerlo, nos abre un camino a la vida.

Por eso la imagen de la cruz y el pesebre es tan profunda para mí. La alegría que viene en Navidad fluye de la Cruz y la Resurrección. Estoy lleno de alegría por un Dios que entra en mi desorden. Jesús viene por nosotros y no aparece como un ser angelical, sino como uno de nosotros. Jesús fue como nosotros en todas las cosas, excepto por el pecado.

Jesús conocía el desorden de las relaciones humanas entre amigos y familiares. Jesús encuentra a las personas, incluso a sus amigos más cercanos, que lucharon con la duda. Jesús fue hacia la gente desordenada y quebrantada, y entró en las partes desordenadas y quebrantadas de sus vidas. Jesús experimentó el desorden del sufrimiento.

Ese es un salvador que realmente nos entiende. Me gusta esa imagen de Jesús porque es el auténtico Jesús. Es el verdadero Jesús.

*Este es un extracto del libro Messiah: Stories of Advent traducido al Español; no es demasiado tarde para sumergirse en este devocional de Adviento que es obra de unos pocos autores que ofrecen perspectivas únicas sobre áreas desordenadas de la vida y las formas en que Jesús entra y nos libera de nuestro desastre.

About the Author

Joel Stepanek

I spent most of my 8th grade year in detention because there wasn’t a dare I wouldn’t accept. But in high school, my youth minister dared me to follow Christ and I haven’t looked back. I love all things Wisconsin, especially the Green Bay Packers. I can probably eat more cheese than you. (Please don’t dare me to prove it.) Follow me on Twitter and Instagram at @LT_Jstepanek.